En la intersección de las prácticas espirituales milenarias y los enfoques modernos hacia la salud mental, la investigación sobre «Feeding Your Demons» (FYD), o «Alimentando a Tus Demonios», ofrece una amplia ventana para mirar cómo podemos abordar las emociones aflictivas, el estrés, la ansiedad y la depresión desde una perspectiva poderosamente transformadora. Originada en el budismo tibetano y adaptada para el público contemporáneo por Lama Tsultrim Allione, la práctica de FYD ha sido sujeta a un escrutinio científico detallado en un estudio publicado en el Journal of Emotion and Psychopathology en 2023 por un grupo de reconocidos científicos y científicas de diversas instituciones en Estados Unidos[1]. Este estudio marca un hito en la evaluación empírica de las prácticas espirituales, proporcionando datos valiosos sobre su impacto en la salud mental.
La práctica de FYD se distingue por su enfoque en la transformación de los «demonios» internos, entendidos como miedos, traumas, y otras formas de emociones aflictivas y sufrimiento psicológico, mediante la compasión y la aceptación en lugar de la resistencia. Esta metodología invita a una introspección profunda, donde las y los participantes visualizan y luego alimentan estas partes aflictivas de sí mismos, lo que lleva a un proceso de sanación emocional significativo.
El estudio conducido por Goldin y sus colegas se centró en examinar los efectos de un cierto número de sesiones de FYD en comparación con un grupo de control. Se reclutaron 61 participantes, personas con experiencia previa en meditación y síntomas moderados de depresión, ansiedad y estrés. Las y los participantes (70% mujeres, edad media de 44 años y con diversidad étnica) fueron asignados aleatoriamente al grupo de práctica de FYD o al grupo de control, completando diversos cuestionarios al inicio y al final del periodo del estudio.
La metodología del estudio fue rigurosa y detallada. Las y los participantes en el grupo de FYD realizaron sesiones de práctica tanto guiadas como autoguiadas, con un total de 15 sesiones recomendadas a lo largo del mes. Se utilizaron diversos cuestionarios estandarizados para evaluar los niveles de estrés, ansiedad, depresión y auto-compasión antes y después del periodo de intervención, proporcionando una base sólida para el análisis de los resultados.
Los hallazgos del estudio fueron reveladores. Las y los participantes del grupo de FYD experimentaron reducciones significativas en los síntomas de estrés en comparación con el grupo control, así como aumentos notables en la auto-compasión. Estos resultados subrayan el potencial de la práctica para mejorar el bienestar psicológico, ofreciendo una alternativa complementaria a las terapias convencionales para manejar el estrés, la ansiedad y la depresión.
El análisis de moderación, un de las técnicas estadísticas utilizadas, mostró que una menor historia previa de problemas psiquiátricos se asocia con una mayor reducción en los síntomas de depresión, ansiedad y estrés. Los análisis de regresión, otra técnica estadística, revelaron que el número de sesiones de FYD completadas predijo aumentos en la auto-compasión y la satisfacción con la vida, así como disminuciones en el estrés, la depresión y la intolerancia a la incertidumbre. Es decir, el estudio encontró que el número de sesiones de práctica de FYD se correlacionaba con los beneficios experimentados, sugiriendo una relación dosis-respuesta entre la práctica y el bienestar psicológico. Aquellos que completaron más sesiones reportaron mayores mejoras, lo que enfatiza la importancia de la consistencia en la práctica para obtener resultados óptimos.
Estudio cualitativo
El estudio cualitativo sobre FYD, conducido por Eve Ekman[2], forma parte del mismo proceso investigativo y se centró en explorar cómo esta práctica impacta en el bienestar psicológico en personas adultas con experiencia previa en meditación y niveles moderados de síntomas depresivos y de ansiedad. Las y los participantes completaron hasta 15 sesiones de meditación FYD y registraron sus experiencias inmediatamente después de cada sesión en diarios escritos.
Se utilizó el Análisis Fenomenológico Interpretativo (IPA, por sus siglas en inglés), un enfoque que se presta especialmente bien para explorar cómo las personas interpretan y asignan sentido a sus experiencias personales. Este enfoque es particularmente útil para investigar las percepciones y vivencias subjetivas en profundidad. En este caso el proceso tuvo las siguientes características:
- Participaron personas que ya tenían una base en prácticas de meditación y presentaban niveles moderados de síntomas depresivos y de ansiedad, lo que significa una predisposición hacia la autoexploración y una potencial receptividad hacia la meditación FYD.
- Inmediatamente después de cada sesión de meditación FYD, las y los participantes registraron sus experiencias, reflexiones y percepciones en diarios. Esta técnica de recogida de datos facilita una reflexión íntima y en tiempo real sobre las experiencias vividas durante la meditación, capturando las respuestas emocionales y cognitivas de manera espontánea.
El análisis se centró en las respuestas a dos preguntas clave en los diarios, diseñadas para profundizar en cómo las y los participantes interpretaron cada sesión de meditación y cómo preveían que esta experiencia influiría en sus acciones y pensamientos futuros.
Utilizando el IPA, el estudio adoptó un enfoque inductivo para desarrollar códigos y temas a partir de los datos. Esto significa que las y los investigadores permitieron que los patrones y temas emergieran directamente de los diarios, sin imponer categorías preconcebidas. Esta aproximación asegura que la interpretación de las experiencias de quienes participan permanezca descrita con sus propias palabras y significados.
El IPA se enfoca en la perspectiva subjetiva de la persona, buscando entender cómo las y los participantes experimentan el fenómeno estudiado desde su punto de vista único. Esto es particularmente pertinente para el estudio de prácticas meditativas, donde las experiencias internas y las transformaciones personales son fundamentales.
Los resultados revelaron cinco temas principales basados en la experiencia de las y los participantes:
- Autovaloración y confianza: quienes participaron informaron un aumento en la autoestima y la confianza al reconocer y valorar sus necesidades y deseos internos.
- Desarrollo de empatía hacia el «demonio»: la práctica facilitó un sentido de empatía y comprensión hacia las partes rechazadas de sí mismas, transformando su relación con los desafíos emocionales y cognitivos.
- Ampliación de la autoconciencia y responsabilidad: la meditación permitió a las y los participantes una mayor conciencia de sí y de cómo ciertos rasgos y comportamientos impactan en sus problemas, promoviendo la responsabilidad personal y el deseo de cambio.
- Acción basada en la compasión fiera: las y los participantes describieron cómo la meditación les instó a enfrentar sus dificultades con una compasión activa y decidida, promoviendo el cambio y el crecimiento personal.
- Compasión nutritiva: destacó también una forma de compasión más suave y nutricia, enfocada en la aceptación y el amor propio, lo que ayudó en la curación de heridas emocionales pasadas.
Conclusión
El estudio concluye que la práctica de FYD puede ser beneficiosa para las y los practicantes occidentales de meditación, ofreciendo herramientas valiosas para el manejo del sufrimiento psicológico y el fomento del bienestar y el crecimiento personal. Estos resultados tienen implicaciones significativas para el campo de la salud mental ya que aportan hallazgos de cómo las prácticas basadas en tradiciones espirituales antiguas pueden ser efectivas para abordar problemas psicológicos contemporáneos, expandiendo nuestro repertorio de herramientas terapéuticas. El estudio destaca la importancia de investigar más a fondo el papel que pueden jugar prácticas como FYD en el tratamiento de la salud mental, animando a una exploración más profunda de cómo la sabiduría ancestral puede informar y enriquecer nuestros enfoques modernos hacia el bienestar.
[1] Philippe R. Goldin (University of California y Tamara Flora (Davis, Betty Irene Moore School of Nursing); Amy Braun (Stanford University, Department of Civic, Liberal, and Global Education); Eve Ekman (University of California, San Francisco, Aging, Metabolism and Emotion Centre); Vanessa Simmons (John Hopkins University, Department of History of Art); Chandra Easton); y Tsultrim Allione (Tara Mandala, Pagosa Springs)
[2] Eve Ekman (University of California); Christopher J. Koenig (San Francisco State University); Jennifer Daubenmier (San Francisco State University); Kate Greer Dickson (Pacifica Graduate Institute); Vanessa Simmons (University of California); Amy Braun (Stanford OBGYN); Philippe Goldin (University of California).
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