Vivir la enfermedad con atención plena

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La enfermedad, ya sea crónica o pasajera, física o mental, nos confronta con la vulnerabilidad del cuerpo y la incertidumbre de la vida. Es común vivirla como una la lucha interna: resistir el malestar, temer el futuro o sentirnos impotentes.

Hay otra manera de transitarla. En lugar de ver la enfermedad como un enemigo, podemos reconocerla como parte de nuestra experiencia humana. No significa resignarnos, sino estar presentes con lo que es, sin agregar el sufrimiento de resistirnos a lo que es.

Podemos empezar observando las sensaciones sin juzgarlas, respirando con suavidad, dándonos permiso para descansar. También podemos preguntarnos: ¿qué necesito en este momento? A veces, la respuesta es autocuidado; otras, es pedir ayuda, soltar expectativas o simplemente estar con lo que sentimos, sin apresurarnos a cambiarlo.

Cuando dejamos de pelear con la enfermedad y nos acompañamos con amabilidad, algo cambia: la tensión disminuye, el miedo se suaviza y encontramos pequeñas islas de calma dentro del proceso.

No somos solo nuestro dolor o nuestra enfermedad; seguimos siendo seres completos, con la capacidad de vivir con presencia y compasión.


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