El presente texto se basa en la entrevista que hizo en 2021 la maestra budista Pema Khandro, a la Dra. Sara Lewis, como parte de un ciclo sobre meditación y trauma, organizado por el Buddhist Studies Institute.
La meditación informada sobre el trauma busca integrar prácticas de meditación con una comprensión profunda del trauma y sus efectos en el cuerpo y la mente. La meditación tradicional a menudo asume que, al relajar la mente y el cuerpo, las y los practicantes automáticamente encontrarán alivio y claridad. Sin embargo, para quienes han sufrido traumas, la relajación puede desencadenar sensaciones de ansiedad, rabia y enojo, emergiendo al descongelarse de estados de hiperexcitación, congelación o negación.
Enfoque occidental sobre el trauma y la meditación
El fenómeno de la exacerbación de síntomas tras la relajación es comprensible a través de la teoría polivagal. Según esta teoría, el sistema nervioso responde al trauma con mecanismos de supervivencia que pueden inhibir el procesamiento emocional. Cuando estos mecanismos comienzan a relajarse, las emociones reprimidas pueden surgir con fuerza, y el practicante necesita apoyo y co-regulación para manejarlas de manera efectiva. Aunque la meditación puede ser una herramienta poderosa para la sanación, es fundamental reconocer que no todas las personas están listas para enfrentar sus traumas en silencio y sin guía profesional.
El desafío radica en que la meditación, en lugar de aliviar, puede amplificar la angustia si no se maneja adecuadamente. Las personas profundamente traumatizadas pueden encontrar que la meditación exacerba sus síntomas, llevándolas a evitar futuras prácticas meditativas. La respuesta empática de los instructores es crucial aquí, reconociendo que esta intensificación de los síntomas puede ser parte del proceso de sanación, pero también sabiendo cuándo es necesario derivar a los participantes a profesionales capacitados en trauma.
En este contexto, la evolución del lenguaje en los espacios de meditación ha sido significativa. Inicialmente, el término «espacio seguro» se utilizaba para describir un entorno donde las personas pudieran sentirse protegidas y cómodas. Sin embargo, este concepto ha evolucionado hacia «espacio valiente». La diferencia radica en que el «espacio valiente» no solo busca seguridad, sino también la capacidad de enfrentar el miedo y tomar riesgos en un entorno de apoyo. Esto es crucial porque el verdadero crecimiento y sanación a menudo requieren confrontar y trabajar activamente con el miedo y el trauma.
Teoría polivagal y el trauma
Según la teoría polivagal, el sistema nervioso responde al trauma con mecanismos de supervivencia como la hiperexcitación, la congelación y la negación. Estos mecanismos pueden inhibir el procesamiento emocional y dificultar la sanación. Cuando comienzan a relajarse, las emociones reprimidas pueden surgir con fuerza. En este punto, el apoyo y la co-regulación son esenciales para manejar efectivamente estas emociones.
El concepto de metamorfosis es central en la discusión occidental sobre el trauma. La filósofa Catherine Malabou introduce la idea de la «plasticidad destructiva», donde el trauma no solo cambia a la persona, sino que la convierte en algo completamente diferente. Esto resuena con la perspectiva de que el yo es una construcción vacía y en constante cambio, permitiendo tanto transformaciones positivas como negativas.
Bell Hooks, una influyente filósofa budista, argumenta que las teorías liberadoras son aquellas que nombran y visibilizan el dolor. En este contexto, las teorías del trauma son liberadoras porque permiten a las y los sobrevivientes entender y verbalizar su sufrimiento, creando un espacio para la sanación. El poder del trauma reside en su capacidad para interrumpir radicalmente nuestras percepciones de nosotras y nosotros mismos y del mundo.
En las prácticas terapéuticas occidentales, la narrativa del trauma y su procesamiento verbal son considerados esenciales para la sanación. Sin embargo, esta perspectiva no es universal. Las y los tibetanos, por ejemplo, enfrentan el trauma de manera diferente, proporcionando una visión alternativa sobre cómo abordar el sufrimiento y la resiliencia.
Estudio de la Dra. Lewis sobre el trauma en el Tíbet
El estudio de la Dra. Sarah Lewis, plasmado en su libro Spacious Minds: Trauma and Resilience in Tibetan Buddhism, examina cómo los tibetanos en Dharamsala, India, manejan el trauma y el exilio a través de sus prácticas culturales y religiosas. Lewis destaca que, en la comunidad tibetana, el trauma no se aborda a través de la narrativa y la verbalización del sufrimiento, como es común en las terapias occidentales. En cambio, se enfoca en su visión de la impermanencia y la vacuidad, conceptos centrales en el budismo tibetano, que ayudan a los individuos a no aferrarse a experiencias dolorosas y a cultivar una mente espaciosa y compasiva.
La Dra. Lewis también explora cómo las prácticas comunitarias y rituales tibetanas fomentan un sentido de resiliencia y apoyo mutuo. Los tibetanos utilizan el sufrimiento como una oportunidad para desarrollar la compasión, no solo para ellos mismos, sino también para otras personas. Este enfoque colectivo contrasta con la tendencia occidental a centrarse en la sanación individual. La investigación de Lewis sugiere que la integración de prácticas comunitarias y espirituales puede ofrecer nuevas vías para abordar el trauma de manera más holística y efectiva, respetando las diferencias culturales y promoviendo la resiliencia en diversos contextos.
Enfoque tibetano sobre el trauma y la meditación
En los sistemas de meditación tibetanos, existe un marco distinto para entender las reacciones al trauma. Los trastornos de viento (lung, en tibetano y prana, en sánscrito) en la filosofía tibetana pueden interpretarse como manifestaciones de desequilibrios mentales y emocionales profundos. Prácticas rituales tibetanas, diseñadas para equilibrar los “vientos sutiles” del cuerpo, ofrecen una forma de tratar estos desórdenes. Las visiones tibetanas de vacuidad y compasión, así como la negativa a identificarse con eventos negativos, pueden contribuir a una mayor resiliencia frente al trauma.
En esta perspectiva, es fundamental un enfoque intercultural y poscolonial del trauma para desafiar la naturaleza etnocéntrica de la teoría del trauma. Es crucial considerar el contexto cultural en el tratamiento del trauma y respetar las prácticas culturales de resiliencia. La metodología de Sarah Lewis, que combina la psicoterapia occidental con la antropología psicológica y médica, permite explorar conceptos interculturales sobre la mente. Al aprender tibetano y realizar observación participante en comunidades tibetanas, Lewis pudo comprender profundamente sus prácticas de resiliencia.
Uno de los temas más controvertidos es la forma en que algunas culturas enfrentan el trauma sin centrarse en la narrativa de este. A diferencia de la creencia occidental de que verbalizar y narrar el trauma es esencial para la sanación, algunas culturas consideran que aferrarse a la memoria traumática perpetúa el sufrimiento y que el silencio puede ser más terapéutico que el testimonio en algunos contextos. Este enfoque resuena con la práctica de lojong o entrenamiento de la mente, que enfatiza cambiar la percepción interna en lugar de intentar cambiar las circunstancias externas.
En la diáspora tibetana, las personas rara vez se identifican como sobrevivientes de violencia política. Esta actitud refleja una práctica de humildad y resiliencia, en la que minimizar el trauma experimentado es una forma de no aferrarse al sufrimiento. En lugar de centrarse en su propia angustia, utilizan el sufrimiento como una oportunidad para desarrollar la compasión y beneficiar a otras personas.
La relación entre las narrativas del trauma y las campañas de derechos humanos es compleja. Mientras que a nivel personal se evita centrarse en la narrativa del trauma, las y los activistas tibetanos la han adoptado para impulsar sus campañas de derechos humanos. Esta adopción estratégica muestra una flexibilidad cultural y una comprensión táctica de cómo funcionan los movimientos globales de derechos humanos.
Ejemplo de resiliencia: la historia de Pema
Un ejemplo destacado es la historia de Pema, una prisionera política que utilizó sus experiencias traumáticas como una oportunidad para practicar la meditación y la compasión. Durante su encarcelamiento y tortura, Pema enfocó su mente en el sufrimiento de los demás, especialmente de las monjas que también estaban encarceladas, lo que le permitió transformar su propio sufrimiento en una práctica de compasión. Este enfoque no solo le permitió soportar las terribles circunstancias, sino que también le proporcionó un sentido de propósito y conexión con otras personas.
Una de las razones por las que las y los tibetanos parecen tener tasas más bajas de TEPT en comparación con otras comunidades expuestas a niveles similares de violencia y trauma es su enfoque culturalmente específico hacia la resiliencia. En lugar de centrarse en la narrativa del trauma, emplean una variedad de técnicas y prácticas espirituales que enfatizan la impermanencia, la vacuidad y la compasión. Estas prácticas no solo les ayudan a enfrentar el sufrimiento, sino que también les permiten encontrar un sentido de propósito y significado en medio de la adversidad.
El karma no es aceptación sumisa del sufrimiento
La Dra. Sarah Lewis, en su estudio sobre el trauma y la resiliencia en la diáspora tibetana, aborda cómo algunas personas en Dharamsala utilizan el concepto del karma como una forma de aceptación del sufrimiento, viéndolo como una purificación de acciones pasadas. Este enfoque, si bien puede ser culturalmente significativo para los tibetanos, puede ser malinterpretado y peligrosamente aplicado en contextos no tibetanos. La Dra. Lewis destaca que en situaciones como la campaña #MeToo, la aceptación pasiva del karma puede disuadir a las víctimas de abuso de buscar justicia y apoyo, perpetuando el ciclo de abuso. Ella enfatiza la importancia de una comprensión crítica del karma que no promueva la resignación ante la injusticia, sino que fomente la resiliencia y la acción proactiva para el cambio.
El énfasis tibetano en el karma puede llevar a la opresión internalizada. Sin embargo, el karma es visto como una explicación neutral de la realidad, que puede absorber ideales culturales. Aunque algunas interpretaciones del karma pueden parecer que justifican la aceptación pasiva del sufrimiento, también puede ser una fuente de agencia interior, permitiendo a las personas reinterpretar y transformar su sufrimiento. La internalización de la opresión a través del karma es una preocupación. Sin embargo, el karma, cuando se entiende correctamente, no debe ser visto como una justificación para la opresión, sino como una explicación de las conexiones causales entre nuestras acciones y sus consecuencias. El karma también puede ser una fuente de empoderamiento, permitiendo a las personas tomar medidas para transformar su situación y purificar su karma a través de acciones positivas.
Diversidad de enfoques
Las implicaciones de estos hallazgos para las prácticas terapéuticas en Occidente son significativas. Mientras que la psicoterapia occidental tradicionalmente se ha centrado en la narrativa y el procesamiento verbal del trauma, las prácticas tibetanas sugieren que otros enfoques, como las terapias somáticas y las prácticas contemplativas, también pueden ser efectivas. Recientemente, la terapia y la experiencia somáticas, que se centran en trabajar con el cuerpo y el sistema nervioso para liberar el trauma, han comenzado a explorarse como vías alternativas para el tratamiento del trauma que podrían complementar las técnicas más verbales de la psicoterapia occidental.
La investigación sobre el trauma y la resiliencia en diversas culturas ofrece valiosas lecciones para las prácticas terapéuticas en todo el mundo. Al explorar cómo diferentes culturas enfrentan el trauma a través de una combinación de prácticas contemplativas y una visión culturalmente específica del sufrimiento, se destaca la importancia de considerar el contexto cultural en el tratamiento del trauma. Este enfoque no solo desafía las suposiciones occidentales sobre la sanación, sino que también abre nuevas posibilidades para comprender y tratar el trauma de manera más holística y compasiva.
Es fundamental explorar el mundo del apoyo terapéutico disponible y considerar la diversidad de enfoques posibles para la sanación. Al reconocer que cada cultura tiene su propia sabiduría y neurosis, y que no hay una única forma correcta de tratar el trauma, se puede abrir el camino para una comprensión más inclusiva y efectiva del sufrimiento humano y la resiliencia. La gratitud y admiración por la investigación y su contribución a nuestra comprensión del trauma y la sanación en contextos interculturales es profunda y significativa.
Los estudios recientes sobre terapias asistidas por psicodélicos, como el MDMA y la ketamina, han demostrado resultados prometedores en el tratamiento de trastornos de estrés postraumático (TEPT) y otras afecciones relacionadas con el trauma. Estas terapias expanden la «ventana de tolerancia» del paciente, permitiéndole enfrentar y procesar experiencias traumáticas en un entorno controlado y seguro. Durante las sesiones, los pacientes pueden acceder a estados emocionales profundos y sanar mediante la integración de estas experiencias con la ayuda de profesionales capacitados. Investigaciones, como las dirigidas por la Dra. Elizabeth Call, indican que los efectos terapéuticos de estas sesiones pueden ser equivalentes a varios años de terapia convencional, proporcionando alivio significativo y duradero para los sobrevivientes de trauma.
La investigación ha evolucionado, mostrando entusiasmo por distintas terapias y su potencial para ofrecer nuevas formas de trabajar con el trauma. Al integrar estos enfoques con las prácticas contemplativas y la psicoterapia occidental, se puede desarrollar una visión más completa y efectiva del tratamiento del trauma que honre tanto las necesidades individuales como las diferencias culturales. Esta combinación de enfoques abre nuevas posibilidades para la sanación y el crecimiento personal, permitiendo una mayor adaptación a las diversas experiencias de trauma en el mundo contemporáneo.
A medida que se avanza en la comprensión y aplicación de la meditación informada sobre el trauma, es crucial seguir explorando y adaptando las prácticas para satisfacer las necesidades de las personas en diferentes contextos culturales y sociales. La integración de conocimientos de la neurociencia, la psicología y las tradiciones contemplativas puede proporcionar un enfoque más holístico y efectivo para abordar el trauma. Este enfoque debe estar siempre fundamentado en la compasión y la empatía, reconociendo la singularidad de cada individuo y sus experiencias.
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