El miedo: un visitante que merece atención

13

¿Te has dado cuenta de que el miedo nos habita, contándonos historias de escenarios temibles que, en realidad, pueden no suceder?. Tal como dice el poeta Mark Twain: “𝑴𝒊 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒉𝒂 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒅𝒐 𝒍𝒍𝒆𝒏𝒂 𝒅𝒆 𝒕𝒆𝒓𝒓𝒊𝒃𝒍𝒆𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒊𝒄𝒉𝒂𝒔, 𝒍𝒂 𝒎𝒂𝒚𝒐𝒓𝒊́𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒄𝒖𝒂𝒍𝒆𝒔 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒐𝒄𝒖𝒓𝒓𝒊𝒆𝒓𝒐𝒏.”. Esto nos muestra cómo el miedo nos conduce a una interpretación distorsionada del presente y del futuro.

Sin embargo, cuando le damos espacio y nombramos ese miedo, podemos comenzar a verlo con mayor claridad. Jack Kornfield nos enseña en su práctica de mindfulness que nombrar las emociones nos ayuda a crear una distancia saludable; podemos decir “miedo, miedo” y así reconocerlo sin dejarnos arrastrar por él. Con amabilidad, damos un paso atrás y empezamos a observarlo en lugar de vivirlo como una realidad ineludible. En ese momento, somos más libres para decidir qué hacer con esa emoción.

A través de esta práctica constante, el miedo se convierte en una oportunidad de autoconocimiento. Nos permite expandir nuestra «ventana de tolerancia», como la llaman los expertos en mindfulness, y desarrollar resiliencia, lo que nos da una perspectiva más amplia para enfrentar nuestras emociones. Aprender a acoger el miedo con serenidad nos invita a vivir una vida menos reactiva y más centrada, una en la que nuestras decisiones ya no están dirigidas por impulsos automáticos sino por una verdadera conciencia.

La próxima vez que lo percibas, nótalo, nómbralo sin juzgar. Observa por unos momentos cómo se siente en tu cuerpo sin intentar cambiarla ni rechazarla. Dale el espacio de existir tal como es. Con cada respiración, recuerda que eres quien observa esa emoción, no la emoción misma.


Descubre más desde siempreviva

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.