Lama Willa Blythe Baker propone una diferencia radical: no meditar en el cuerpo, sino desde el cuerpo. No es lo mismo dirigir la atención hacia las sensaciones que sentir desde dentro. Lo primero es observar, lo segundo es habitar.
En muchas prácticas meditativas nos sentamos y enfocamos la mente en el cuerpo como si estuviéramos viendo un objeto más. Pero el cuerpo no es un objeto. Es sujeto. Es el lugar desde el cual puede nacer una atención viva, auténtica y encarnada.
Quienes comienzan a meditar a menudo se frustran porque “no pueden parar la mente”. Pero el cuerpo no necesita ser detenido. Solo necesita ser sentido. Comenzar por ahí cambia todo. La respiración no se fuerza. La postura no se controla. Se permite. Se habita. Se siente.
Meditar desde el cuerpo es un regreso a lo más honesto de nosotras y nosotros mismos. A ese lugar donde lo que sentimos ya está diciendo algo. No hace falta interpretarlo. Sólo escucharlo.






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