Heroísmo en tiempos de horror: del Holocausto a Gaza

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No me es fácil llorar ante las tragedias. Ni con las noticias ni incluso con las pérdidas cercanas. Es como si hubiera un bloqueo que me impide romperme. Pero hay algo que siempre me quiebra: los pequeños actos heroicos.

Ver un video común de alguien rescatando a un perrito. Leer en una novela, o ver en una película, cómo un personaje se sacrifica sin esperar nada a cambio. O, saber de médicos en Gaza que, bajo bombardeos, siguen operando a pacientes que nunca habían visto antes. Esos gestos me hacen un nudo en la garganta imposible de desatar.

Creo que ahí está nuestra humanidad más clara y transparente: en la disposición de cuidar al otro, incluso cuando no nos une nada salvo compartir este planeta. Esa fibra invisible se activa cuando escuchamos de las flotillas humanitarias que desafían el bloqueo para llevar alimentos y medicinas, aun sabiendo los grandes obstáculos que van a enfrentar (Global Sumud Flotilla).

Gaza y la herida compartida

El Holocausto y el genocidio en Gaza, según Lautaro Lorenzo tienen fuertes similitudes como tragedias marcadas por una violencia extrema y una deshumanización sistemática. Académicos como Omer Bartov, historiador israelí, sostienen que las acciones militares y políticas en Gaza cumplen con la definición jurídica de genocidio, dada “la intención manifiesta de destruir parcial o totalmente a un grupo específico”. Bartov señala que la escala y la intensidad de la destrucción son comparables, en magnitud y crueldad, con las del Holocausto.

Otros análisis, como el de Yehuda Bauer, también destacan el patrón de deshumanización de las víctimas. En ambos casos, esa narrativa legitimó abusos, violencia extrema y exterminio. También hay afinidades en los “cómo”, tal es el caso de las prácticas de concentración de población en espacios reducidos, hambre impuesta por bloqueo, destrucción metódica de infraestructura civil y ataques sistemáticos a personas indefensas, incluso cuando buscan alimentos.

El académico Raz Segal ha descrito a Gaza como “un ejemplo de libro de texto de genocidio”. Y muchos especialistas advierten que reconocer las características genocidas de lo que ocurre no trivializa el Holocausto; al contrario, reafirma la urgencia de una memoria activa y crítica.

Quienes cuestionan estas comparaciones advierten del riesgo de analogías simplistas. Señalan que el Holocausto fue un exterminio industrializado total, mientras que Gaza tiene características propias, aunque comparte elementos como el racismo estructural y la intención de eliminar a un grupo (La Jornada).

Lo que sí es indiscutible es que, por primera vez en la historia, este genocidio ocurre a plena vista y en tiempo real, transmitido por redes sociales. Las imágenes y testimonios que circulan sin intermediarios amplifican el impacto emocional global y documentan cada crimen en una escala que no existía durante el Holocausto.

Pequeños y grandes actos heroicos[1]

Entre 1933 y 1945, miles de personas y organizaciones, movidas por principios éticos, religiosos o simplemente por humanidad, ayudaron a judíos perseguidos por el régimen nazi y sus aliados. Aunque el número de rescatadores fue pequeño en comparación con la magnitud del genocidio, su impacto fue profundo.

En la Alemania nazi, incluso los gestos más pequeños implicaban un riesgo enorme. Hubo alemanes que advirtieron a familias judías sobre redadas, como durante la Kristallnacht del 9 y 10 de noviembre de 1938, mediante llamadas o mensajes personales. Otros compartían alimentos en secreto con quienes estaban obligados a portar la estrella amarilla. Algunas familias llegaron a esconder a judíos en sus casas.

En Francia y los Países Bajos, las redes organizadas fueron clave para salvar vidas, especialmente de niñas y niños. Organizaciones como la Oeuvre de Secours aux Enfants (OSE), los Eclaireurs Israelites de France y el Mouvement des Jeunesses Sionistes colocaron a adolescentes judíos en hogares campesinos, ofreciéndoles alojamiento y comida a cambio de trabajo, lejos del peligro de los ghettos urbanos.

En la Polonia ocupada, el papel de Żegota (Consejo de Ayuda a los Judíos) fue fundamental. Esta organización clandestina, apoyada por el gobierno polaco en el exilio, produjo documentos falsos de alta calidad, coordinó redes de refugio y ayudó a miles de personas a evadir la persecución y el asesinato. Su trabajo clandestino implicaba un enorme riesgo para todos sus miembros y sus familias, pero aun así continuó operando hasta 1945.

En Berlín, el desafío era brutal. Se estima que alrededor de 30,000 personas participaron de alguna manera en el rescate de entre 5,000 y 7,000 judíos que lograron sobrevivir ocultos en la ciudad. Esta red informal de apoyo demuestra que, incluso en el corazón del régimen nazi, hubo quienes eligieron la compasión y el coraje por encima del miedo y la indiferencia.

Otras iniciativas fueron más organizadas, como las de la Cruz Roja, el Comité Internacional de Rescate, o el trabajo clandestino de diplomáticos como Chiune Sugihara, cónsul japonés en Lituania que firmó más de 2,000 visas para judíos perseguidos. O Irena Sendler, enfermera polaca que salvó a cientos de niños del gueto de Varsovia escondiéndolos en cajas y bolsas. Sus historias, recopiladas en Yad Vashem, muestran que incluso en el peor de los contextos siempre hubo quienes eligieron el bien.

Defender Gaza es defender la humanidad

Hoy, los paralelos son inevitables. Médicos que permanecen en hospitales bombardeados para atender heridos. Periodistas que documentan el horror a riesgo de no sobrevivir. Flotillas incansables tratando de romper el cerco.

Las manifestaciones atraviesan todos los países, incluso aquellos que han prohibido las expresiones de apoyo a Gaza por considerarlas antisemitas, en un giro macabro del lenguaje, como Alemania y Estados Unidos. En todas partes se levantan voces que rompen el silencio, desde Australia, hasta Tel Aviv.

En eventos deportivos y artísticos también se expresa la solidaridad. Todos los días hay expresiones de apoyo a Gaza.

Artistas, escritores y muchas otras personas que ponen su tiempo, su fama, su cuerpo y su dinero al servicio de la paz en Palestina, como la española Irene Vallejo,  la irlandesa Sally Rooney, la estadunidense Susan Sarandon, entre muchos otros.

La frase “Defender Gaza es defender la humanidad” resuena en marchas y redes. Y no es un eslogan vacío. Como ocurrió con los rescatadores durante el Holocausto, lo que se pone en juego trasciende religiones, ideologías y banderas.

Para mí, hablar de Gaza no es respaldar a un grupo terrorista ni condenar al pueblo de Israel, que también ha sufrido. Es, simplemente, insistir en que ningún argumento justifica el exterminio sistemático de una población civil. Es negarse a que el silencio sea cómplice.

Yo no creo que esta nueva flotilla va a romper el cerco, porque el gobierno de Israel ha dado muestra de una total indiferencia frente a los reclamos de sus propios ciudadanos y de los del resto del mundo. Pero de algo estoy segura, y es de que sus crímenes están enfrentando nuestra resistencia, y en esa convicción salvamos a la humanidad compartida de no perecer en su definición básica, de proteger y cuidar al “otro”.

Este artículo podría llamarse también: de Ana Frank a la Global Sumud Flotilla, un continuo de compasión y humanidad.


Texto dedicado con admiración y gratitud a Arlin Medrano, Carlos Pérez Osorio, Dolores Pérez Lascarro, Ernesto Ledesma, Karen Castillo y Sol González Eguía, integrantes de la delegación mexicana en la flotilla.

[1] Fuente: https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/question/which-organizations-and-individuals-aided-and-protected-jews-from-persecution-between-1933-and-1945


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