¿Por qué participo en la flotilla a Gaza?

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Testimonio de Sol González Eguía*

Parece que hoy es lunes, estamos aquí en el Adara avanzando muy despacito hacia Túnez. Hemos tenido que remolcar a uno de los barcos compañeros, el Catalina que tuvo fallos, entonces en la noche-madrugada tuvieron que amarrar el barco al nuestro y todo el trabajo que eso implica. Voy a tratar de empezar a grabar videitos y a platicar con ustedes y a que ustedes me hagan preguntas.

Las infancias que ya no juegan

Una de las preguntas más frecuentes es porque decidí unirme a esta misión de la Global Sumid Flotilla. Lo que puedo decir en muy pocas palabras es que estoy aquí por los niños y las niñas de Gaza. En este momento ya hay más de 20.000 niñas y niños en Gaza asesinados por las bombas, por el hambre, por la crueldad y la perversión de un ente sionista que, creo, que ya va más allá de cualquier situación de autodefensa y que ha pasado a un lugar donde ha llegado al sinsentido. Tal vez en algún otro momento tendremos que hablar de qué hace que haya personas que lleguen hasta ese lugar y tal vez sea un tema que tengamos que revisar desde la psicología, es la psicología de la crueldad y la perversión en su puesta en práctica en la vida real, no como una teoría o una metáfora.

Las infancias que cuidan gatos

Pero bueno, estoy aquí por las niñas y los niños de Gaza, los que han asesinado, los que ya no están y los que siguen luchando día a día por estar vivas y vivos. Hay un niño que yo sigo en Internet, que se dedica a plantar huertos y tiene sus gatos, se le han muerto varios gatos, pero él siempre tiene un gato en sus brazos. Y me parece el ejemplo vivo de la resiliencia. Y créanme que a mí el tema de la resiliencia no me gusta, no me gusta usarlo cotidiana o banalmente. La resiliencia es un recurso que surge cuando no hay nada más. No es sólo ser fuertes, no es sólo ponerles buena cara a las cosas difíciles, no se trata de eso, eso no es resiliencia. Es que, a pesar de las terribles condiciones que el ser humano le impone a otro ser humano, este ser humano busque la vida, apueste por la vida, por la belleza, por la conexión con la naturaleza. Para mí ese niño es un ejemplo enorme de lo que es la resiliencia. Y no porque así deban de ser todos. También creo que se vale rendirse.

Pero creo que Palestina ha sido la prueba de que hay seres humanos que apuestan por la vida a pesar de todo. Y de la importancia de la cultura, de las raíces, del arraigo. Esto importante porque, como veía en una clase sobre trauma hace poco, lo que genera realmente el trauma no es necesariamente el evento en sí. No es la guerra, no es el ataque con bombas, no es eso en sí. Es lo que pasa en el contexto. Es el perder tu red de apoyo, es el desarraigo, el que te arranquen de tu tierra. Es perder tu idioma, perder tus costumbres. Eso es lo que realmente es traumático.

Los pueblos que siembran olivos

Justamente eso es lo que Palestina pelea todos los días. Pelea por no perder su cultura, por no perder su idioma, por no perder sus tierras. Israel lo sabe muy bien. Israel sabe muy bien cómo generar trauma. No es un accidente que en Cisjordania estén destruyendo los olivos. Y no es un accidente que Palestina esté defendiendo los olivos. No es una cosa menor. Es un asunto de sobrevivencia, de salud. De salud incluso en los lugares más terribles. Es el lazo con la tierra y con la vida

Eso me tiene aquí. Yo no vengo a salvar a nadie. Tendría que ser muy inocente para pensar que yo voy a hacer una diferencia. Tendríamos que ser todos y todas muy inocentes para pensar que la ayuda humanitaria que llevamos, que son toneladas de ayuda humanitaria, van a salvar a las niñas y los niños de Gaza, que hoy están en un nivel 5 de desnutrición. Ya que no es suficiente con que coman. Sus cuerpos están colapsando. Eso es importante, saberlo. No se resuelven las cosas dándoles una fórmula de leche. Sus cuerpos colapsan. Ya no son capaces de asimilar el alimento. Incluso el alimento se vuelve un riesgo para ellos. Entonces, sería muy inocente pensar que vamos a salvar a nadie. Y sería muy arrogante también.

El sur global presente contra Netanyahu

Creo que la importancia de que esta flotilla esté acompañada, no sólo de personas de Europa, sino del sur global, tiene que ver con que hay una comprensión de que no somos salvadores del mundo. Yo vengo aquí a solidarizarme con un pueblo que ha sido abandonado, no por nosotros, no por la sociedad civil, pero sí ha sido abandonada por los gobiernos y por el derecho internacional.

Vengo aquí a protestar porque Netanyahu tiene una orden de aprehensión por ser un criminal de guerra, y camina por las calles y sigue dando órdenes y sigue al mando de un ejército, el más perverso que existe en este momento. Y esto no puede ser.

Yo no soy una persona importante

No puede ser que las movilizaciones sociales, que la protesta a favor de la vida se criminalice. Entonces venimos a enfrentar eso y ya nos acusan de terroristas. Hay quienes dicen que venimos de vacaciones. Hay quienes dicen que nos pagan nuestros gobiernos. Yo estoy aquí porque lo pagué de mi bolsa y tengo una deuda que tengo que regresar a pagar a México. Y no me importa, no me importa. Nadie me pagó por estar aquí. Yo no pertenezco a ninguna organización. Yo no soy una persona importante. Soy una persona de pie, con una ética y una mirada del mundo. Y eso es lo que vengo a decir. No tenemos que ser importantes para estar aquí. Tenemos que ser humanos.

Además, sabemos que no podemos venir todos los que quisiéramos. Entonces tengo el honor y la responsabilidad de representar a muchas y a muchos que me sostienen en tierra, que me cuidan en tierra y que están igual de indignadas e indignados que yo, y dolidos. Por eso estoy aquí, por ética personal. Porque no podemos permitir que esto pase ante nuestros ojos, ante nuestra mirada, sin indignarnos.

Podemos hacer algo

A mí me preocupa la gente que ya no siente. Me preocupa la gente a la que esto ya no le causa rabia. Me preocupa la gente que ya no quiere enterarse. Es incómodo. Seguramente es incómodo para todos, pero de eso se trata, de incomodarnos. No podemos estar cómodas y cómodos ante un genocidio. Las historias son innombrables. A mí me cuesta mucho trabajo nombrar lo que he leído, las historias de las niñas y los niños.

Pero podemos hacer cosas. Entonces, desde tierra, yo diría dos de las principales acciones que se pueden realizar son, primero, presionar al gobierno mexicano para romper relaciones con Israel. Pase lo que pase, basta de tener miedo. Basta de usar la precaución con Estados Unidos. Basta de tener miedo. Esto no puede seguir sucediendo. No podemos abandonar a la humanidad de esta manera. Tenemos que romper relaciones.

Y la segunda cosa que puedes hacer es bajar una de estas aplicaciones de No, thanks, por ejemplo, y dejar de comprar productos y dejar de beneficiarte de productos que enriquecen a Israel. Lo que más interesa es el poder y la economía. A estas personas, la vida no les importa y ya lo han probado una y otra vez. Es difícil también porque nos saca de nuestra zona de confort, pero pues sí podemos dejar de hacer ciertas cosas que beneficien económicamente a un país que tiene todo el apoyo económico, tiene las armas y tiene la impunidad con la que se mueve para matar niñas y niños, podemos hacer algo desde muchos lugares.

Gracias por escucharme, estaré subiendo algunos vídeos. Claro que les contaré de lo que pasa aquí en nuestro barco, en el Adara, del cual ya estamos profundamente enamoradas, enamorados. Hemos hecho familia. Pero recuerda que no se trata de nosotros y nosotras,
no se trata de la flotilla, se trata de Gaza, se trata del pueblo palestino. Nos vemos mañana.


*Esta es una transcripción del video de Sol González Eguía, mexicana que participa en la flotilla humanitaria rumbo a Gaza. La reproducimos porque está llena de enseñanzas indispensables.

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