La justicia afectiva es un concepto emergente que nos lleva a pensar las desigualdades más allá de lo material. Hace referencia a la organización social de los afectos, a cómo hay emociones reconocidas para unos y desautorizadas para otros. La justicia afectiva plantea que las emociones no son algo puramente individual, por el contrario, se refiere a las estructuras que configuran nuestras experiencias emocionales de forma desigual.
La investigadora Carina Kaplan ha sido una de las principales voces en conceptualizar este término en el ámbito educativo, identificando cómo la escuela no sólo es un espacio de aprendizaje de conocimientos sino también un espacio afectivo, de reconocimiento o exclusión. Ella propone mirar las emociones, cualesquiera que sean, no como fallas, sino como señales que merecen ser comprendidas.
El enfoque de la justicia afectiva no se limita a la escuela. Es una perspectiva que puede aplicarse en muchos contextos como el trabajo, la pareja, la familia. Nos ayuda a visibilizar y repensar dimensiones emocionales que generalmente quedan fuera de discusión:
- Cuando los sentires de ciertos grupos son sistemáticamente ignorados o desacreditados, no se trata solamente de falta de empatía. Es una forma de exclusión.
- El malestar no se reparte por igual porque hay quienes cargan con más ansiedad, más culpa o más contención emocional que otras personas, y eso tiene raíces en desigualdades de género, clase, raza o edad. Los sentimientos no son un terreno neutral.
- La justicia afectiva nos invita a ver más allá del sufrimiento, a recuperar emociones que sostienen la vida y la acción colectiva: la compasión, la ternura, la alegría compartida, la esperanza.
Descubre más desde siempreviva
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

