El elefante, el mono o el cuerpo que despierta

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Lama Willa Blythe Baker explica que la atención plena, o smṛti en sánscrito, es una facultad profundamente transformadora en la tradición budista. A diferencia de la meditación (bhāvanā), que implica el cultivo de una forma de ser, smṛti es una capacidad concreta de atención sostenida, “la capacidad de recordar o permanecer consciente del momento presente de forma sostenida”. Originalmente, el término significaba “lo que se recuerda” y se refería a la memorización de textos sagrados en la tradición védica, pero Buda le dio un giro radical: dejó de ser memoria de palabras y se convirtió en memoria del ahora, una forma de atención viva.

En la práctica meditativa, esta atención puede dirigirse a un objeto, como la respiración, o incluso a “ningún objeto”, en el caso de una conciencia abierta. Lo significativo es que al sostener esta atención, algo ocurre: “tu mente se tranquiliza, tus emociones se estabilizan y experimentas calma”. Así, la atención plena no es un estado pasivo sino una facultad activa que transforma cuerpo y mente, un músculo que se entrena como quien fortalece el corazón emocional de su vida interior.

En su libro The Wakeful Body, Lama Willa recuerda que la tradición monástica budista ha representado esta práctica mediante la imagen del monje que doma al elefante y al mono, símbolos de la distracción y el letargo, con un bastón y un lazo. “Cada vez que aparece el monje con el bastón, el músculo de la atención se fortalece un poco”, y así, a través de un proceso de colocación y reemplazo, la mente aprende a sostenerse. Esta visión enfatiza el control y la disciplina cognitiva como el camino hacia la tranquilidad mental (śamatha).

Sin embargo, el texto plantea un enfoque complementario: el modelo yóguico o somático de atención plena. En este modelo, la atención no se impone desde la mente, sino que “emerge de lo profundo del cuerpo”. No se trata de disciplinar al elefante, sino de confiar en que el cuerpo ya está atento. “La mente está distraída, pero el cuerpo no.” Mientras la atención mental busca fijarse, la atención somática se entrega al presente como si el cuerpo fuera un campo magnético que atrae la conciencia. “El cuerpo guía el camino. De hecho, es un gran alivio para la mente.”

Esta forma de atención no busca controlar el pensamiento sino soltarse en el sentir. No hay un «yo» que regresa voluntariosamente al objeto; hay una respiración que atrae, una sensación que convoca, como si el cuerpo dijera: aquí está la presencia. “Quizás el monje se presente, pero no tiene un bastón. El monje se postra ante la respiración y se disuelve en ella.” En este modelo, la atención plena se vuelve menos una técnica y más una forma de confianza encarnada.

Esto nos lleva a una distinción crucial: la diferencia entre el cuerpo conceptual y el cuerpo experiencial. El primero está hecho de creencias, imágenes y valoraciones: “Tu cuerpo conceptual puede ser gordo, delgado, bello, feo, joven o viejo”. Es lo que la cultura y nuestras historias personales han proyectado. El segundo, el cuerpo experiencial, es el cuerpo que sientes aquí y ahora, sin las ideas que lo rodean. Es “el que estás sintiendo, ahora mismo”, más allá de género, edad o forma. “El cuerpo experiencial es auténtico en el sentido de que no está artificializado ni fabricado por pensamientos e ideas.”

Sin embargo, esta distinción no siempre es fácil de percibir. El texto advierte del riesgo de una “mezcla” entre ambos cuerpos. Muchas personas evitan el cuerpo por miedo o rechazo. “Siempre he odiado mi cuerpo. Siempre he desconfiado de él. Mi cuerpo no ha hecho más que traicionarme.” Este tipo de dolor encarnado puede hacer que incluso prácticas de meditación bienintencionadas se conviertan en formas de evasión: lo que el texto llama derivación somática. Es decir, usar la espiritualidad para huir del cuerpo. “Incluso una técnica como la meditación puede convertirse en una forma de derivación somática.”

Ante esto, el llamado es claro: no basta con cultivar atención mental; es necesario desarrollar una práctica diaria de adentrarnos en el cuerpo con curiosidad y compasión. Eso implica reeducar nuestra atención para confiar no en la idea del cuerpo, sino en su sabiduría viva. El cuerpo no es un obstáculo para la conciencia, es su vía más directa. Y el texto lo dice sin rodeos: “Cuando entras en tu cuerpo, solo hay presencia pura. Los pensamientos que creías ciertos se desmoronan como cenizas.”

Este trabajo es el eje de la atención plena somática: no observar el cuerpo desde fuera, sino “saturarlo” con la atención, sumergirse en una sensación hasta que el observador se disuelva. Se trata de pasar de “prestar atención al cuerpo” a ser atención encarnada. En ese instante, el cuerpo deja de ser un objeto que se observa y se convierte en sujeto vivo, en el lugar mismo donde ocurre la libertad.

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Este artículo es una síntesis reflexiva del enfoque de atención plena somática presentado por Lama Willa Blythe Baker en sus enseñanzas y escritos, especialmente la primera parte del texto The Wakeful Body.


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