La amistad se aprende

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Frecuentemente se dice que nadie nace sabiendo ser madre o padre, que ese rol se aprende. Sin embargo, poco se dice que lo mismo aplica a la amistad. Aunque estamos biológicamente equipados para establecer vínculos amistosos, no nacemos sabiendo cómo cultivar y sostener relaciones profundas, leales y duraderas.

Una búsqueda rápida en Google Scholar muestra que existen aproximadamente el triple de estudios sobre relaciones familiares en comparación con los que abordan la amistad. Además, existen múltiples enfoques terapéuticos y de acompañamiento psicológico dirigidos a la familia o la pareja, mientras que la amistad, a pesar de su centralidad en la vida de muchas personas adultas, sigue siendo un tema menos explorado.

En diversos contextos, los vínculos de amistad están desplazando a la familia como eje relacional. Incluso en culturas donde la familia ha sido tradicionalmente el centro gravitacional, las amistades están adquiriendo un papel protagónico: como red de apoyo, comunidad elegida y espacio de crecimiento.

La atención plena (mindfulness) puede ser una herramienta poderosa para cultivar amistades más conscientes. Nos permite observar nuestras expectativas, practicar la gratitud, el cuidado mutuo, la paciencia y la autobservación. Porque la amistad también se aprende, se practica y se cuida, como cualquier otro vínculo esencial.

¿Tú cómo cuidas tus amistades?


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